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Estamos mufados

La mufa es como la niebla, inmaterial e imperceptible. Se introduce dentro de nosotros, lentamente y va ocupando cada lugar de nuestra existencia, hasta asfixiarnos, y hacernos “imposibles”, ante los demás. Es terriblemente contagiosa, al punto tal, que logra volver irritable y malhumorados, casi sin excepción a quienes nos rodean.

Intima amiga de “la mala honda”, nos convierte en seres potencialmente parcos y agresivos, y hasta algunas veces, motor de impulsos destructivos, nos lleva a rechazar, a aquellos que al acercarse la perciben, tratando de meterse en ellos y apagar su “chispa de vida”. Juntas, hacen nuestra vida y la de los demás insoportables, al límite de sumirnos en un constante malhumor, al borde de la depresión.

Resultado de esperanzas frustradas, y decepciones, en el ámbito personal, social, o laboral, controla nuestra voluntad, al punto tal de convertirnos en zombis, y autogeneradores de la misma, aumentando nuestra agresividad, con el prójimo y con nosotros mismos.

 Coarta nuestra voluntad de libre elección, y nos hace caer en un eterno letargo de indiferencia.

Nada está bien, todo está mal y seguirá así, es el común denominador, de este mal, que aqueja a la gente y a toda la sociedad.

Quien sabe, que sucedería. si las cosas cambiaran al punto tal, que no existiera motivo alguno para estar “mufado” o con mala onda, tal vez, aparezca en nosotros el sentimiento de haber perdido algo “nuestro”, muy intimo, que en realidad para muchos es el “life motive” de su existencia.

por Eduardo Morini